LA HISTORIA DEL VALLE

En la época prehistórica esta zona era íntegramente cubierta de un espeso bosque y no había rastro de los claros en que hoy en día existen los centros abitados, rodeados de prados de pastoreo y campos de cultivo. Estas inmensas forestas son recorridas por numerosos torrentes (Fiorentina, Codalonga, Cordon, Loschiesuoi…) cargados de agua proveniente de cercanos glaciares, abastecían a los cazadores, que se concentraban para la caza estiva.

Como atestigua el sitio neolítico de Mandriz, los pastores existían desde antes de fines del primer siglo después de Cristo. Pero fue a partir de este periodo que el valle comenzó a poblarse de manera sistemática.

Cazadores y pastores con sus rebaños, comenzaron a ocupar los campos presentes en las zonas del Passo Giau, en Possedera y Fertazza, en Staulanza, Forada y Forcella Roan. Una situación que tuvo un revés solo en época alto-medioeval, cuando, junto a pastores y cazadores, se establecieron taladores y buscadores de minerales como el hierro y el plomo. Los nuevos moradores, que provenían del Val del Boite, constituyeron consistentes asentamientos, primero de manera pasajera y después de modo estable.

El paisaje comenzó, lentamente, a cambiar: en los lugares climáticamente protegidos, soleados y provistos de agua (Pescul, Toffol, Marin) se comenzó a talar el bosque, se construyeron establos y cabañas, que con el tiempo se transformaron en pueblos, todos de alta concentración poblacional con el fin de no quitar mucho territorio a la preciada agricultura.
A partir del S. XIII a las actividades agro-caza-pastoreo se agregaron las artesanías y la industria de extracción del fierro.

Esto provocó una notable inmigración y la llegada de nuevas actividades como el carbonero y los herreros, para los cuales inclusive funcionaba una fundición. En los siglos sucesivos, para hacer frente a las aumentadas exigencias de subsistencia se comenzó a cultivar la tierra inclusive hasta los 1.600 metros de altitud, elevando los campos hasta los 2.000 metros.

Actualmente la Selva di Cadore se encuentra encajada en un soberbio marco entre los más renombrados montes dolomíticos: el majestuoso y solitario Pelmo, el imponente Civetta y, al fondo, el Marmolada con su glaciar perenne, mientras al norte, el selvático anfiteatro del grupo del Cernera separa el valle de Cortina d’Ampezzo. Selva di Cadore cuenta con menos de 600 habitantes, de los cuales la mayoría habla el dialecto "ladino dolomítico", en el cual actualmente se conservan las características sean de fonética como léxicas del lenguaje. Desde hace algunos años, la actividad principal de la población es el Turismo, sea estivo o invernal, y las actividades relacionadas.

La cultura ladina del valle se encuentra aún viva en los trajes y tradiciones folcloristicas que enriquecen los festivales, procesiones y las manifestaciones más importantes. Así como este idioma es hablado, es también difundido a través de diccionarios, vocabularios y textos específicos


 

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